¡No, en esta ocasión necesitábamos otra estrategia! No quedaba más remedio que convencerles de que merecía la pena entregarnos la bola de dragón que custodiaban, que podíamos ofrecerles a cambio algo mucho más interesante.
Por suerte, años de viaje y formación en diversos mundos nos ha enseñado con gran profundidad todo lo necesario para dominar, con maestría sin igual, el olvidado arte oriental del baile con espadas. Bueno, en realidad la maestría la aporta Aviscri y yo más bien contribuyo a sus danzas con mi belleza y encanto sin igual.
Así que partimos a esta aventura con la idea clara de presentamos en su refugio con cierto retraso. Era mejor que el Golem nos esperara con cierta ansiedad (son famosos por sus debilidades a la carne y éste no es la excepción) y así facilitar que aceptaran nuestro trato.
Al principio, y con la esperanza de que no pidiéramos nada más por nuestro arte, nos agasajaron con la mejores viandas de la tierra (jamón, lomo, croquetas caseras... y por supuesto cerveza). Sin embargo, y aunque desde nuestra llegada ya se leía en el rictus del Golem su deseo, los ojos de MaryJits nos decían que esperaba que no nos conformásemos con tan sencillo pago.
Llegó la hora de acordar el precio de nuestra actuación y, aunque al Golem de Hierro en su guarida se le puede pedir de todo pues las riquezas acumuladas gracias a su fuerza son casi infinitas, nosotros sólo queríamos la bola de dragón que nos faltaba, y así se lo hicimos saber. A MaryJits no le gustó el precio, no quería desprenderse de la bola, era importante para ella, pero llegados a ese punto, y con la bestia deseosa de nuestro arte el objetivo ya estaba cumplido. Él sólo necesitó gruñir un poco por lo bajo para dar a entender que ningún precio era demasiado alto por lo que estaba a punto de ver y, sin dilación, nos pusimos a ello dando a entender que el trato estaba cerrado.
No fue sencillo, un Golem no se sacia fácilmente y menos aún si es de hierro. Necesitamos horas de baile y arte, estuvimos a punto de desfallecer en varias ocasiones. Yo incluso jugué con la espada de Aviscri para mostrar que éramos humanos y podíamos fallar. Más de 2 horas y ni siquiera pestañeaba, otras 4 más y allí seguía, impasible... hasta que su amada mostró signos de cansancio. Una leve caída de ojos le insinuó al Golem que, si seguía así, aquella noche podía perder su sesión de placer conyugal y que, a pesar de su deseo, era el momento de parar y dedicarse a complacer a su amada.
Entonces, y haciendo gala de la palabra que todos los Golem atesoran, nos hicieron entrega de la Bola de Dragón número 5 (y de paso de una multitud sin igual de viandas de la tierra de MaryJits).
Una vez más cumplimos la misión. Y esta vez sin más daños que las agujetas que nos acompañarán durante los próximos días y, claro, el imborrable recuerdo de haber mostrado un arte en el baile que pasarán siglos hasta que se repita.
La sexta bola ya está en nuestro poder también, y en breve os describiremos al historia, pero hoy es tiempo de luchar por la séptima y última en una aventura sin igual cerca del Vicente Calderón, el mejor escenario posible para finalizar nuestra épica aventura.
Seguiremos informando.
Aviscri y Tomber
P.S.: El vídeo del baile lo subiré cuando lo tenga disponible, no me di cuenta de que se grabara con mi teléfono y estoy pendiente de que MJ me lo pase.

XD XD XD
ResponderEliminarEn cuanto vuelva a Madrid me pongo a ello.
ResponderEliminarNo hay ninguna prisa xDD, casi mejor si lo pierdes...
EliminarEsa foto es mundial y el vídeo tiene que valer un potosí.
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