Que allí se escondía la misión más peligrosa de todas era algo que debimos imaginar, pero la arrogancia de sabernos triunfadores en los 5 duelos anteriores nos pasó factura, casi nos hizo fracasar, y Aviscri estuvo a punto de perder la vida.
No llevábamos nuestras armas, creímos que nuestro enemigo no quería luchar, nos confiamos... y llegamos poco después de la hora prevista, con las prisas de los que vienen de otras tareas, esperan irse rápido a disfrutar de los placeres del teatro, y no se han concentrado lo suficiente en su misión.
La misión sólo tenía una dificultad, ser capaces de derrotar a los pequeños gatos domésticos de nuestros anfitriones, menos de 5 meses de vida, en singular combate a primera sangre. Una misión que, gracias a nuestra maestría en el combate, se antojaba sencilla... hasta que aparecieron los gatos.
Por todos los Dioses, ¡qué bestias tan salvajes! Si alguien recuerda a Mordisquitos (ver Los Caballeros de la Mesa Cuadrada para más referencias), saber que es un aprendiz de asesino comparado con estos animales. Ni siquiera entendemos cómo el dulce J.M. Jambrina y la bella Esther pueden convivir con ellos sin ser desgarrados por sus uñas o destripados por sus fauces.
No paraban de moverse, de atacarnos, de disponer una lucha sin cuartel. El combate no iba a durar mucho, no podíamos con ellos ni lo haríamos en mil millones de años más. Su velocidad, su agilidad, su compenetración... jamás vi algo parecido.
Sólo la suerte nos ayudó a completar la misión. Aviscri ya estaba sin aliento, incapaz de respirar lo suficiente para llevar el oxígeno necesario a sus músculos. Yo tumbado en el suelo tras un ataque compenetrado de Croqueta y Batman (sí, así se llaman esas bestias), observé un destello bajo la cama. Sin pensarlo, mientras las fieras atacaban de nuevo a una Aviscri a punto de caer inconsciente, alargué la mano, toque lo que parecía la bola de dragón número 6 y, sin pensarlo dos veces, la cogí. Cuando Aviscri la vio en mi poder pudo uso la estrategia que teníamos planeada, por si las cosas salían mal... tiró un trozo de jamón de pavo a la otra punta de la casa.
Los velocidad de los gatos les hizo creer que podían conseguir la comida y volver a acabar con nosotros, y eso fue lo que nos salvó. Con el aliento final de los que se saben muertos si no alcanzan el objetivo, nos movimos hacia la puerta del refugio, la cruzamos y cerramos a nuestras espaldas... aún oigo los golpes de rabia y frustración al otro lado, ¡qué horror!
Sin más pensar bajamos las escaleras, salimos a la calle y huimos a toda velocidad, con la certeza de que jamás volveremos a pisar cerca de allí. Mientras dibujábamos nuestro camino de vuelta y Aviscri recuperaba algo de fuerzas y aliento, pude pensar en todo lo sucedido... ¡jamás me volvería a fiar ni a bajar la guardia!
Seguiremos informado
Aviscri y Tomber

Por lo que veo, los dueños de los gatos del infierno fueron los únicos que se tomaron la molestia de recortar la bolita. Y digo bolita porque en comparación con los cojonazos que tienen algunos, las bolas de dragón son sólo canicas. :-P
ResponderEliminarxD
EliminarEn algunas bolas la parte de delante y la de detrás no coincidían, ¿problemas de impresión?, ¿disfuncionalidad lateral amiotrófica?... lo arregló todo la Crisi :-D
La verdad es que yo no me fié, para qué voy a engañaros. Ni de quien preparó las bolas, ni de quienes debían ensamblarlas.
ResponderEliminarYa. La capacidad de imprimir algo por las dos caras está cerca de la frontera de la disfuncionalidad. :-P Pero por el lado malo. :-P
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